Embalse Zapallar: el mega proyecto del MOP para la agroindustria, que tiene en pie de lucha a la comunidad del Rio Diguillín

Un total de 70 familias serán desplazadas y comunidades completas se verán afectadas en su acceso al agua y tierras cultivables. El arrinconado bosque nativo, con su flora y fauna endémica, también sufrirá las consecuencias.

Diguillín sin represas

La lucha medioambiental en la golpeada región de Ñuble, que además es la segunda más pobre del país, está escribiendo un nuevo capítulo con la comunidad organizada por la defensa del Rio Diguillín.

El torrente que nace en los Nevados de Chillán, hoy se ve amenazado por el Embalse Zapallar, un proyecto impulsado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP), que irrumpirá con un muro de 100 metros de altura en la prístina zona que queda más abajo de la confluencia con el Rio Renegado, inundando un total de 424 hectáreas.

Mientras la iniciativa tiene por objetivo favorecer el riego de la agroindustria, alrededor de 70 familias serán desplazadas, mientras comunidades completas se verán afectadas. “Nos quitan las mejores tierras que tenemos para subsistir”, reclama Patricia Troncoso, vecina de San Vicente Bajo en El Carmen, una de las comunas más afectadas junto a Pinto.

Aunque afligida por la pesadilla que enfrenta su comunidad, organizada contra la mega construcción en el Comité Unión Diguillín del cual es dirigenta, reconoce que habrá personas que se verán aún más afectadas.

Fuera de quienes se verán obligados a dejar sus hogares y su forma de vida, Patricia apunta a los vecinos que viven al borde del río y que por los caminos que contempla el proyecto verán reducidas al mínimo sus tierras. “Al menos a nosotros nos quedaría para una chacra”, señala.

Adicionalmente, explica que el canal matriz que se va a construir tiene entre 30 y 40 metros de ancho y pasa por donde la gente tiene las vertientes que sirven como canales de agua, por lo que, de concretarse el proyecto, muchos comenzarán a depender de camiones aljibes.

Más abajo, en San Ignacio, también hay preocupación. Valentina Ibarra, vocera de Diguillín Aguas Libres, indica que desde la institucionalidad solo se dan detalles del embalse, sin aclarar la segunda parte del proyecto.

Canales de cementos, obras anexas y complementarias van a pasar por esta última comuna, lo que también implicará expropiaciones. «De eso no se tiene estudio ambiental, supuestamente porque todavía no están los estudios de ingeniería», indica.

Esta misma organización se ha preocupado de informar a la comunidad de los despojos de la obra, los que de hecho han sido reconocidos por el titular del proyecto, el MOP, ante el Servicios de Evaluación Ambiental (SEA).

Además del impacto que relatan Patricia y Valentina para quienes habitan la zona de inundación y sus alrededores, habrá afectación de bosque nativo de preservación, pérdida de flora endémica en categoría de conservación, de ejemplares de fauna nativa y alteración o pérdida de elementos arqueológicos.

En la batalla contra la desinformación

Los que están en la otra vereda, es decir, los que se beneficiarían con el que, a todas luces, es un desastre ecológico, “viven kilómetros más abajo”, señala Patricia, quien de todas maneras asegura no tener certeza de quiénes son exactamente los «mil regantes» que sacarán provecho, porque esa información se les ha negado.

La desinformación ha sido la norma. «Nos ven como una región pobre, como gente que no tiene idea y que no tiene cómo defenderse. Quieren llegar y aprovechar nada más. Quieren hacer seis embalses en la región. Lo ven como una zona de sacrificio para hacer sus negocios», indica Valentina.

Esto queda plasmado muy claramente con el proceder del municipio de San Ignacio, encabezado por Osiel Soto (UDI). “No colaboró en nada ni difundió la participación ciudadana en el estudio de impacto ambiental, que entregó recién en febrero (el plazo del SEA era hasta diciembre), pronunciándose simplemente ‘conforme’ con el proyecto”.

Ha sido en ese contexto adverso que la organización popular ha comenzado a tomar forma, decidida a dar la lucha por el Rio Diguillín. «Principalmente los jóvenes comenzamos a tomar conciencia sobre los nefastos efectos del proyecto y asumimos como primera tarea informar a nuestra comunidad para que se hagan parte de cada paso que tengamos que dar, por ejemplo, las observaciones ciudadanas al proyecto”.

La unidad de la comunidad también ha rendido frutos en otros frentes. «El hecho de estar organizados ha impedido que hayan más engaños de los que hay», comenta Patricia, comentando que están siendo asesorados por la ONG Conciencia Sur, la que también les ha guiado para enfrentar el proceso institucional en el que se enmarca el proyecto, con observaciones técnicas que serían difíciles de formular sin ese apoyo.

Como en toda lucha medioambiental, quienes están dando la pelea por el Rio Diguillín tienen conciencia de que lo que está por venir no es fácil. En lo formal, actualmente el Embalse Zapallar está a la espera del informe que emita el MOP en atención a las observaciones de las instituciones que presentaron su evaluación ambiental. Para eso tienen plazo hasta junio de este año. Luego avanzaría a la calificación ambiental, donde intendentes y seremis determinarán si es viable o no.

Poca confianza hay en en esta institucionalidad, pues ya vieron como en el pasado se engañó a los pobladores con el Embalse Laja-Diguillín, con promesas de acceso a un agua que nunca llegó, y actualmente son testigos de la deforestación que provoca en los alrededores la insaciable industria forestal.

La lucha es de todos

Por todo aquello llegó la hora de decir basta. Que el pueblo organizado ejerza soberanía en su territorio y que la lucha que están dando compañeros y compañeras, no solo por la subsistencia de sus comunidades sino que también por la preservación del bosque nativo, resuene a lo largo del país.

Todos y todas hemos sido testigos de cómo se sacrifica a nuestro medioambiente para engordar los bolsillos de unos pocos, mientras el resto vemos como se hipoteca nuestro ecosistema y con él, nuestro presente y futuro.

Muestra de ello es Petorca, Ventanas e innumerables zonas del Ñuble, donde las miles de hectáreas de pinos de la industria forestal se toman el paisaje, ofreciendo condiciones perfectas para los incendios forestales que se multiplican por el territorio.

Mientras las autoridades desde Santiago creen que la respuesta para cuidar nuestro medioambiente es que tomemos duchas más cortas, mantienen encendida la máquina depredadora del capitalismo, que arrasa con nuestra fauna y flora nativa, con nuestros ríos y bosques.

Entonces se vuelve fundamental tomar conciencia de cada una de las batallas en curso, para que solidaricemos con la lucha de quienes enfrentan cara a cara al capital y los políticos que lo amparan. En el caso de la lucha por el Diguillín, esto significa estar atentos para difundir las acciones de su comunidad y al avance del proyecto.

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